| Sudamérica: las bases en Colombia y la disputa por los bienes comunes |
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| Written by Raúl Zibechi |
| Thursday, 20 August 2009 03:30 |
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Fuente: Programa de las Américas El inminente
acuerdo entre Estados Unidos y Colombia para la utilización de siete
bases por el Comando Sur, forma parte de la feroz disputa por los
bienes comunes que atraviesa la región sudamericana.
Primero algunas informaciones recientes:
El peso que los factores económicos vinculados a la hegemonía tengan en la decisión de incrementar la presencia militar de Estados Unidos en Colombia, podrán observarse de modo más claro a medida que Obama vaya tomando más y más decisiones estratégicas. Contra quién van las basesSegún Estados Unidos se trata básicamente de sustituir el papel que venía jugando la base de Manta, en Ecuador, que debe abandonar en noviembre pero de la cual de hecho ya se ha retirado. Para el presidente Álvaro Uribe, se trata de seguir adelante con el Plan Colombia, o sea continuar la guerra contra las FARC hasta ganarla, y perseguir al narcotráfico. En este punto la coincidencia entre Bogotá y Washington es completa, más allá que para las cúpulas colombianas el ampliar la presencia militar estadounidense es una buena forma de resolver cualquier posible dificultad en las relaciones entre ambos países. El despliegue de la IV Flota decidido el año pasado, se ve ahora completado por un rosario de siete bases que el Comando Sur puede utilizar cuando lo considere conveniente. Por cierto, la Casa Blanca y el Palacio de Nariño están empeñados en el argumento de que no habrá bases militares estadounidenses porque todas seguirán siendo controladas por el Estado y las fuerzas armadas colombianas, y que los 800 militares y 600 contratistas que operan actualmente en Colombia no se verán incrementados. El argumento es sólo parcialmente cierto. En las nuevas condiciones de la guerra, el tipo de bases militares que existieron durante la Guerra Fría, grandes concentraciones humanas y de aparatos, fijas e inmóviles, están dando paso a un modelo más flexible como se desprende del informe "Global en Route Strategy" de abril de 2009 de la fuerza aérea de Estados Unidos. Se trata de poder contar con el uso de instalaciones sobre todo para el tránsito aéreo, que hagan posible el control a distancia y la disuasión, dejando la intervención directa para situaciones excepcionalmente críticas. En ese sentido, lo que más interesa a la superpotencia es contar con la cooperación de los gobiernos de la región, permitiendo instalar radares y sistemas de vigilancia, el uso de aeropuertos y puertos, cuestión mucho más decisiva que la presencia militar directa que, con la tecnología actual, puede concretarse en cuestión de horas. Sin embargo, el nuevo despliegue del Comando Sur apunta en otra dirección. Para Juan Gabriel Tokatlián, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella, "el mensaje principal es para Brasil y no para Venezuela".6 Tiene razón, pero debe agregarse un par de detalles. Decir Brasil, desde la lógica imperante en Washington, es decir Amazonia, o sea, recursos naturales. En segundo lugar, el inminente acuerdo para la utilización de siete bases militares colombianas por el Comando Sur, puede estar relacionado con la creciente alianza entre China y Brasil, cuyo comercio debe realizarse a través de la cordillera andina. La estrategia del cercoLas cosas son según el lugar desde el cual se observen. Por eso en Brasil la decisión de ampliar la presencia militar del Comando Sur en la región cayó como una patada. El canciller Celso Amorim y el asesor para asuntos internacionales Marco Aurelio García, fueron muy explícitos. "Lo que preocupa a Brasil es una presencia militar fuerte, cuyo objetivo y capacidad pueden ir mucho más allá de lo que pueda ser la necesidad interna de Colombia", dijo Amorim a Folha de Sao Paulo. Agregó que hay una contradicción entre la afirmación de Bogotá de que las FARC están prácticamente aniquiladas y el aumento de la presencia militar estadounidense para combatirlas. "En la región, es importante tener transparencia y claridad. Eso tal vez haya faltado. Uno puede tener, por ejemplo, garantías formales sobre cómo serán usadas esas bases", concluyó.7 El presidente Lula, por su parte, vinculó las bases en Colombia y la reactivación de la IV Flota con la existencia de enormes reservas petroleras a 7.000 metros de profundidad en aguas de los estados de Santa Catarina y Espíritu Santo, que le darán al país autonomía energética. De ese modo, parece alinearse con una vieja preocupación de los estrategas y militares de su país en lo que denominan como "Geopolítica del Cerco". En efecto, en 2002 el Centro de Inteligencia del Ejército, con sede en Brasilia, realizó tres estudios que mapearon la presencia militar estadounidense en Sudamérica. Las conclusiones indicaban que en 2001 y 2002 había 6.300 militares de ese país construyendo pistas y destacamentos en forma de un "cinturón" militar que rodea a Brasil.8 Uno de esos trabajos, "Presencia de los Estados Unidos en América del Sur", a cargo del entonces coronel de infantería y ahora jefe militar del Nordeste, José Alberto da Costa Abreu, concluía que una de las principales consecuencias es "la disminución de la capacidad brasileña de proyectar poder en el ámbito regional por la existencia de un 'cinturón' de instalaciones norteamericanas próximas a las fronteras brasileñas, principalmente en la región amazónica".9 En la serie de reportajes publicados por el sitio militar brasileño Defesanet, recuerdan que el 25 por ciento del petróleo que consumen los Estados Unidos proviene de los países andinos, y que la cuestión de la Amazonia es el tema más candente en la región y un asunto de extrema sensibilidad para Brasil. Notas
Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe el "Informe Mensual de Zibechi" para el Programa de las Américas (www.ircamericas.org). |








